Hemos sido capaces de crear una atmósfera que atrapa por su creatividad y su belleza, respetando la estructura original de un espacio histórico. Con materiales cálidos, muchos de ellos reciclados –como la lámpara Sputnik de los años 50, con multicolores portalámparas, que flota sobre la sala– han recreado un cálido ambiente, a medio camino entre un hogar excéntrico, un café literario y un bistró de Saint Germain. En las paredes, los anaqueles ofrecen libros clásicos. El suave terciopelo es el tejido de los asientos: sofás en rojo oscuro recorren el perímetro del comedor y se enfrentan a sillas vintage tapizadas en ocre y verde antiguo con estudiado desorden

La barra llama la atención por su divertido despliegue de lámparas. Bombillas de carbono y globos multicolores de opalina con preciosos taburetes de ratán multicolor fabricados en Francia sobre diseños de las decoradoras, con generosos respaldos y altura perfecta. La base de la barra, que recorre de punta a punta el local, está decorada con piezas que recrean los embellecedores de las chimeneas americanas, fabricadas a partir de dos placas de hierro antiguas encontradas en un derribo.

Nos encontramos otros elementos reciclados, como una enorme montura de gafas, luminoso que un día presidió la fachada de una óptica, o el perchero de una escuela, rinden homenaje a uno de los más grandes escritores europeos, Franz Kafka, que además de buena literatura nos dejó un mundo –el kafkiano– particular.